Era un mico de dos años y medio.

Entré en casa con papá y nos dirigimos directamente a la habitación donde descansaba mamá con el renacuajo en brazos.

“Mi hermano había llegado al mundo”.

Observaba la situación aferrada fuertemente a la mano de papá, mientras con la otra acariciaba, suavemente, la cálida madera del marco de la puerta.

Los papás me animaban a acercarme a mi hermano, pero yo…, me resistía.

Ese frío día de enero, en mi alma infantil anidaban sentimientos encontrados.

No olvidaré nunca ese momento.


Va por ti mamá, allá donde estés.


Autora: Nieves Valderrey López
León