Creía haber aceptado la demencia de mi madre porque di por bueno el diagnóstico, que se confirma cada día, y porque procuro atenderla lo mejor que puedo, compartiendo la tarea con mis hermanos y sobrinos… pero no es del todo cierto, especialmente cuando la situación se ha ido poniendo más difícil y me he sentido desbordada e impotente.
Comparto mi experiencia porque no soy la única a la que le pasa y posiblemente alguna otra persona se verá reflejada.
Me pongo en el lugar de mi madre y me imagino que fuera yo la que anduviera desorientada en un mundo hostil, que cambia a cada instante. Sin conciencia de la edad ni del deterioro, pero llevando continuamente a la chepa personas que me llaman mamá o abuela, a las que no siempre tengo situadas.
Personas que me dicen a cada rato “lo que tengo que hacer”, amenazándome con que si no tomo las pastillas me voy a enfermar, si no me lavo oleré mal, si no salgo no podré ni caminar y si no como me debilitaré aún más, con razonamientos que me hacen sentir inútil, indefensa y despreciable.
¡Y eso si no me meten en casa a una persona desconocida, que igual me roba o me hace daño, haciéndome sentir insegura en mi propio entorno! Me dan órdenes como si no fuera capaz de decidir por mí misma, y me siento indignada cuando me tratan como a una niña pequeña, hablando como si no estuviera delante e infantilizándome.
No entiendo bien lo que me dicen y me cuesta expresarme. No puedo disponer de mi dinero y ya no tengo control sobre casi nada, así que dependo completamente de lo que otros hagan… ¡y luego se extrañan de que desconfíe!
¿Cómo me sentiría yo en su lugar? Con miedo, sola y triste. ¿Cómo te sentirías tú?
Me doy cuenta ahora de que últimamente no la estaba ayudando a sobrellevar esa dolorosa situación, aunque me esforzaba. Para mí también era difícil asumir cómo estaba perdiendo facultades, así que negaba los síntomas de su enfermedad, atribuyéndolos a caprichos de carácter o ganas de fastidiarme.
Sentía cada vez más rechazo a cuidarla: me abrumaba la incertidumbre del mañana, la impotencia de no saber cómo hacerlo bien, la culpa de perder la paciencia, la vergüenza por el qué dirán y la sensación de llevar una carga pesada llena de renuncias, sin que pareciera suficiente para su bienestar.
Aceptar es reconocer la realidad tal como es. Para ello a veces hay que pararse, tomar perspectiva y, si hace falta, buscar información y apoyo. En mi caso tuve la suerte de encontrar a Camila Ruy, su Método Serena y la comunidad que sostiene, aunque sé que hay más profesionales y grupos que pueden ayudar, como el taller “Cuidando al cuidador” del Teléfono de la Esperanza.
Solo escuchar el testimonio de otras personas que están pasando por lo mismo y han aprendido a cuidar con serenidad me da consuelo y ánimo, porque sé que no estoy sola.
He descubierto que introducir pequeños cambios en mi forma de pensar y actuar favorece el bienestar de toda la familia. Conocer mejor la enfermedad me ayuda a no desgastarme en esfuerzos contraproducentes y a conseguir que mi madre esté tranquila, motivada y se deje cuidar.
Ahora me enfoco en lo que sí puedo controlar y en lo que aún puede hacer mi madre, favoreciendo su autonomía, en lugar de llorar por las capacidades perdidas. Y como resultado, sentirme yo también más contenta y segura de que lo que hago sirve.
Aunque a veces vuelva el desánimo o recaiga en errores pasados, he aprendido que en el cuidado amoroso no existe el fracaso, solo el aprendizaje. Con esperanza, porque no hay circunstancia que no pueda hacerse más llevadera añadiéndole una pizca de consciencia, empatía y humor.
Ana Cristina López Viñuela
No te contaré ninguna experiencia mía ya que todos cargamos nuestras propias mochilas
Lo importante de tu texto es como lo has transmitido y la forma amorosa en que lo has escrito.
Ayudará a muchas personas a sentirse mejor y entender su proceso de cuidadores, duro, lento, triste, ... Pero con ellos has llegado a muchos corazones y has dado calor y Esperanza a mucha gente que pueden sentirse culpables por ser humanos y ante situaciones así creen perder el rumbo y sufren el doble por sentirse mal con ellos mismos y ante una situación que nadie sabemos manejar.
Además, es el amor más puro e incondicional que existe.
Un abrazo
Tu acto de empatía, meterte en la piel de tu madre y tratar de entender como ella puede sentirse, para comprender y poder ayudarla más si cabe.
Yo también fui cuidadora de mi madre en una larga enfermedad, su cabeza si funcionaba pero su cuerpo no. Fue muy duro, a veces quería que todo acabará para después sentirme la peor persona del mundo.
Lo mejor fue aprender a ver en los ojos de mi madre el amor incondicional que sentía por mi y saber que por eso quería estar conmigo. Así supe que lo estaba haciendo bien y que renegar en momentos es humano.
Tu mami está muy orgullosa de ti por que formas parte de su pequeño círculo de personas favoritas.
Un abrazo enorme 😍🥰
Pongo mi mano en tu corazón ,para que,con ella cerquita ,y sujetar .su latido de cansancio te pueda aliviar,Y sujetar.
Poder disfrutarla*sigue siendo,un duro regalo*
Camy