La culpa

Desde muy pequeños cargamos con la culpa. Somos culpables por llorar, por preguntar, por no obedecer. Somos culpables por no cumplir con las expectativas de nuestros progenitores, por no acatar las normas que se nos imponen, por cuestionar postulados absurdos y carentes de lógica. Somos culpables por no ser como la mayoría, por no tener éxito, por cuestionarnos nuestra existencia, por perder el tiempo, por no brillar, por no ser hipócritas, por ser humanos y genuinos.

La culpa tóxica es la que esgrimen los demás para manipularnos: “Si me quisieras, harías esto, irías allí, me ayudarías”. La culpa de traición es la que ejercemos sobre nosotros mismos cuando traicionamos nuestros principios.

Para evitar ambas culpas hay que hacer un trabajo interior grande, no depender del aplauso ajeno y no tener miedo a defraudar, porque quien te quiere, te respeta tal y como eres y acepta tus límites.

Deshacernos de lo inculcado implica desaprender para aprender, ser conscientes de nuestra verdad y responsabilizarnos de nuestra conducta. En un mundo lleno de máscaras, ser auténtico es de héroes.

Ana Cristina Pastrana