Primera fotografía:Reinosa
Segunda fotografía:Cartes
Tercera fotografía:Santillana Del Mar
Cuarta fotografía:Neocueva de Altamira
A medida que avanzan los meses, va cesando el frío invernal y podemos ampliar los destinos, ya que hace mejor tiempo. Estamos en el mes de abril y decidimos viajar hacia la vecina Cantabria.
Sobre las cinco de la tarde conseguimos tener todo listo y salimos hacia nuestro ilusionante destino.
Llegamos a Reinosa a las ocho de la tarde y decidimos pasar aquí el resto de la tarde y posiblemente la noche.
Esta ciudad fue un nuevo descubrimiento para mí, porque no imaginaba la belleza que se ocultaba en su interior. Está situada en la comarca de Campoo-Los Valles, en un entorno de altas montañas y valles verdes en el sur de Cantabria. El título de “ciudad” se lo otorgó en 1927 Alfonso XIII, siendo una de las pocas en Cantabria con esa distinción, junto con Santander, Torrelavega y Castro Urdiales.
La ciudad tiene raíces medievales con documentos que la mencionan desde el año 1000. En su casco histórico descubrimos monumentos destacados como: la Iglesia barroca de San Sebastián, la Plaza del Ayuntamiento con edificios de los siglos XVI y XVII y la Casa de las Princesas.
La ciudad me sorprendió muy gratamente por su belleza y el ambiente tan animado que había esa tarde, con veinte grados de temperatura ambiente.
Cenamos en la autocaravana y pasamos la noche en una zona de aparcamiento amplia.
Tras una noche excesivamente ventosa, desayunamos el dulce típico de Reinosa llamado “pantorrilla” y seguimos nuestro viaje.
Paramos en el pueblo de Cartes. Esta localidad fue declarada Conjunto Histórico Artístico en 1985 para proteger su patrimonio tradicional. Destacan un torreón medieval, calles con casas tradicionales de los siglos XVII y XVIII, la Iglesia de Santa María de Yermo y el Puente de piedra del siglo XVIII.
Caminar por su casco antiguo es ideal para disfrutar de este encantador pueblo. Durante el paseo, un vecino nos enseñó en su casa un pequeño pero interesante museo con una colección de muñecas con trajes típicos de Cantabria y disfraces de Reyes y cortesanos de Carlos V realizados por su esposa.
De allí nos fuimos hacia Santillana del Mar. Aparcamos en la nueva área de autocaravanas, muy bien situada cerca del pueblo.
Esta localidad es uno de los pueblos más visitados de Cantabria por su gran valor histórico y cultural y su conservación medieval. Destacan sus calles empedradas, casonas de piedra con balcones de madera, palacios, torres y la joya del románico cántabro, la Colegiata de Santa Juliana.
Pasamos el día paseando por sus calles, tiendas y terrazas y disfrutamos de una noche muy tranquila en el área de autocaravanas.
El domingo amaneció lloviendo. Desayunamos en la autocaravana y decidimos visitar la réplica de las Cuevas de Altamira (Neocueva).
Una vez allí, nos explicaron que las cuevas fueron descubiertas en 1879 y conservan pinturas paleolíticas de más de 14.000 años, realizadas por grupos humanos del Magdaleniense. Destacan bisontes policromos, ciervos, caballos, manos y signos abstractos pintados aprovechando los relieves naturales de la roca.
Debido a su enorme valor y fragilidad, la cueva original tiene un acceso muy restringido y fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Para su divulgación se creó el Museo de Altamira, que incluye la Neocueva, una reproducción que permite conocer el arte de los primeros habitantes de la región. Las cuevas de Altamira son conocidas como la “Capilla Sixtina del arte rupestre”.
Tras recargar nuestras pilas con un fin de semana lleno de belleza, volvemos a nuestro querido León.
Ana Rosa González



