Querido amiguín

Querido amiguín, mi amiguín:

Siempre te sentido como a un padre, pero también como a un amigo. Porque ahí estuviste tú antes, en mis peores momentos, y ahí estás tú ahora, en los mejores. Y ahí sigues manteniéndome, con esa escucha activa tan tuya, siempre con gran empatía, con ese hablar sin juzgar, aceptándome tal cual soy, transmitiéndome una gran paz con esa voz tan tranquila, esa calma que transmites. Siempre con gran sinceridad, expresándome tu opinión aunque no sea lo que yo estoy deseando oír de ti.

Yo a ti también te escucho, te escucho, te apoyo y te ayudo en la medida de mis posibilidades. Y siempre procuro hablarte de ese modo en que tú me hablas, porque esa calma es contagiosa.

¡Qué suerte es tener tan cerca a alguien como tú, a alguien que es psicólogo además de amigo! Nuestros encuentros no son sólo para un café, son un momento de compartir, de compartir el uno con el otro. ¡Qué afortunada me siento de que me concedas esos pocos tus ratos libres!

Igual no tengo mucho más que decirte porque esas pocas palabras ya dichas expresan todo el cariño y admiración que te tengo. ¡Gracias, mi amigo, mi siempre fiel y leal amigo!

María Eugenia Laiz Molina