Texto

Cuando nací, me alimenté de mimos, entre algodones sonoros de cantos de nana.

Hoy, como adulta, he aprendido a acariciar con la mirada, a disfrutar de una rebeldía silenciosa y a sentirme viva, incluso si mi cuerpo se desfallece.

Vuelo, a pesar de poseer alas rotas, porque la imaginación es libre, no conoce cadenas.

Mis ojos, color miel añeja, se alimentan de la sencillez de las cosas. Mi pelo castaño, de rizos serenos, empieza a peinar canas.

He aprendido a sonreír con una sonrisa tímida. Mi cuerpo, modelado por la edad, halaga cada segundo de mi tiempo, como un silbido fresco.

Exprimo mi existencia.

Hoy me miro al espejo y me reconozco, hace tiempo, no lo hacía.

Ana Rosa Gutierrez