Selecciono en mis contactos Mami, aprieto el botón de llamar y suena la misma voz de siempre, pero no responde la misma persona, esa persona sonriente, amable, con ganas de contar cosas y, sobre todo, generosa.

Solo oigo un «¿quién es?».

Yo respondo: soy yo, Mamá Ovi, pero ni con esos datos la respuesta es la que yo llevo escuchando tantos años y que ahora tengo que asumir como una etapa más de la vida: «Perdona, no sé quién eres».

Ya lo sé, Mamá, que no sabes quién soy, pero no te preocupes, que yo seré tu diario para recordarte esas fechas que tú nunca olvidabas, seré tu agenda para decirte las citas que no puedes olvidar, seré tu álbum de fotos para recordarte lo guapa que eres, seré todo lo que tú ya no recuerdas y te lo contaré todos los días, como el niño que repite esas frases para que nunca se le olviden.

Tú me recordabas una y otra vez la tabla del dos, que mira que es fácil, y ni por esas me acordaba.

Yo te recordaré que fuiste andando, porque no teníamos coche, hasta Mansilla de las Mulas para comprarme mi regalo de Reyes: ocho kilómetros de ida y ocho de vuelta, orgullosa y sonriente como tú siempre has sido. Yo te recordaré toda tu vida como si la estuvieras viviendo otra vez.

Hola, Mamá, ¿cómo estás?

Ovi