Acallé al silencio impuesto
ignoré los comentarios negativos
defendí los derechos.
Acaricié el rostro del odio
bajo el falso saludo
de un "hola".
Me gritaron "desviá"
mientras defendía el orgullo
de ser y existir.
Intercambié su odio por amor
Pero no me es suficiente
aún hay que seguir alzando la voz.
Si estás leyendo esto
no lo ignores
no des la espalda
a este poema.
Pues aún hay dolor
allá a dónde la vista llega.
Todavía existen asesinatos
guerras, hambrunas, injusticias.
Al fin y al cabo
sangre por un par de monedas.
No capitalicemos la vida
porque la fina línea
entre lo material e inhumano
la estamos atravesando.
No somos un trabajo
ni el dinero que hemos ahorrado
No somos un título firmado
por un Rey
que no sabe ni por qué estudiamos.
No somos lo que otros
nos imponen para mantenernos
controlados.
No somos esclavos
o tal vez sí
y no nos hemos enterado.
María de los Ángeles Diez Rodríguez