Me gustan los hombres que se equivocan, no los que están en posesión de la verdad. Aprendemos de nuestros errores y estos nos ayudan a crecer.
Crecer exige humildad, fortaleza y resiliencia. Humildad para afrontar nuestra humanidad y ser conscientes de que somos más que lo que nos sucede. Fortaleza para caer y levantarse, sin necesitar la validación ajena. Y resiliencia para superar la frustración y asumir que la vida no es justa.
En una sociedad narcisista, donde se confunde éxito con felicidad y se mide el valor personal por la aprobación externa, la autoestima del individuo se vuelve frágil. La validación constante de sentimientos, pensamientos y conductas nos hace dependientes y genera una baja tolerancia a la frustración.
Crecer no significa tener un millón de amigos. Crecer implica conocerse, respetarse y amarse sin necesidad del aplauso ajeno.
Ana Cristia Pastrana
