La Esperanza

La pregunta sobre la esperanza me lleva a mirar hacia la plenitud futura que ansío y que, mediante el anhelo, deseo que se haga presencia anticipada, como perteneciendo ya a la definición de mi propio ser.

Esto es grandioso porque supone que entro en un movimiento, en una tarea o trabajo que moviliza mi presente sacándome de la inercia y la pasividad y me abre al futuro poniendo en juego toda mi vida.

Me doy cuenta de que mis esperanzas han avanzado desde las más elementales y concretas: excursiones, aprobar exámenes, amigos… hasta las más transcendentales: conocimiento, sentido de vida, felicidad, bondad…

Para todos nosotros hay muchas cosas que pueden ser objeto de esperanza: salud, dinero, vacaciones, trabajo, fama…, Pero es fundamental avanzar desde las esperanzas en bienes concretos a la esperanza del bien total; de las esperanzas a “la esperanza”.

En este camino de búsqueda se mete el gran mal: la desesperanza. Es una fuerza misteriosa que nos mueve a ir contra nuestro destino. Como una corriente violenta, todo lo desnaturaliza, lo aparta de su ser, y lo hace contrario a su propio bien. Energía destructora que hace que el hombre renuncie a seguir creciendo. Que no pueda intuir el sentido de su vida ni mantener la esperanza porque no tiene en quién fundarla.

La pregunta sería por tanto ¿hacia dónde debo dirigir mi esperanza? En la respuesta sé que está en juego mi destino y mi felicidad.

Ernestina Álvarez Tejerina OSB