Se alza un nuevo día, cuando las horas acarician la alarma del reloj y, zarandean mi cuerpo. Las postpongo, aunque termino rindiéndome y, me levanto somnolienta de la cama.
Desayuno, sin hambre, vistiéndome rápidamente para ir a trabajar. De repente, la noche cae sobre mi espalda, mientras la luna saluda en silencio.
Entonces, ceno un yatekomo, reflexionando, sobre el mundo y sus delirios. Luego, me acuesto tratando de descansar, hasta que me desvela el primer ronquido de mi perra.
La miro y, casi intuyendo su cuerpo a oscuras, la abrazo mientras me mezco, recordando lo mucho que la quiero.
María de los Ángeles Diez Rodríguez

Estoy de. Acuerdo