Reflexión sobre el blog

El año pasado por estas fechas me sentía un poco triste porque el blog del Teléfono de la Esperanza de León iba a experimentar un parón, después de tantos hermosos momentos de reflexión y aprendizaje que me ha proporcionado. Así que mi alegría por su reanudación es grande y mis deseos de participar impetuosos.

Sin embargo, mis circunstancias personales y familiares condicionan mi tiempo y que mi cabeza no esté muy centrada, y me hicieron plantearme si no sería más realista dar un paso atrás y tomármelo con calma (o directamente dejarlo para más adelante). Pero recordé mis propias palabras, desgranadas en distintas entradas de este blog, en las que hablaba de que la renuncia no es un valor, de que dejar de lado los propios impulsos interiores pasa factura, de que reservar un tiempo para cuidarse a una misma es imprescindible si se desea poder seguir apoyando a otros… Si tanto me fastidia la palabrería vana, no quiero ahora convertirme en un ejemplo del «consejos vendo que para mí no tengo».

Pararme frente al papel en blanco me obliga a hacerme consciente del privilegio de vivir aquí, en León, con las personas que me rodean, de disfrutar de tanto arte, historia, naturaleza… cuando funcionar de manera automática me condena al cansancio de los días que se suceden iguales y al desprecio de las maravillas que estoy ignorando. También se hace patente cuando estoy escribiendo que mi diálogo interno no suele ajustarse a la realidad y que la mayor parte de los pensamientos que me hacen sufrir son innecesarios e inventados. Y dejar salir el pus del sufrimiento enconado es el paso previo para que las heridas del alma cicatricen y sanen.

Me hace emprender el día con energía renovada acudir cada mañana al blog para ver cuál es el regalo que me ha dejado, qué imagen sugerente, qué escrito emotivo, qué experiencia enriquecedora. No hace falta ponerse el disfraz de “maestro”, ni la actitud del “entendido”, para servir como un espejo para el otro. Yo, personalmente, he aprendido más de personas que tienen la generosidad y la confianza de expresarse tal como son y como se sienten, que de tantos gurús que hablan desde la presunción de que lo tienen todo superado.

Y es que me asombra cada día el ser humano. Si dejo por un momento de lado mis prejuicios, ¡tengo tanto que admirar y que aprender cada día de los que me rodean! El amor es menos escandaloso que el odio, la sabiduría que la ignorancia, la prudencia que la desfachatez, la quietud que el ajetreo… pero ahí están, presentes y vivas en mil diminutos gestos. ¡Cuánta bondad se oculta (o se manifiesta) en una sonrisa, en una mirada, en un abrazo, en una palabra amable!

Valoro tanto este blog porque creo que la belleza es curativa, que el encuentro en la palabra mitiga la soledad existencial y que compartir nuestras vivencias más profundas genera un espacio seguro donde se pueden mostrar el dolor, los errores, lo que nos resulta incomprensible o inaceptable, sin estar obligados a mostrar una imagen falsa de perfección. Donde se puede decir sin temor que “el rey está desnudo”, en lugar de explayarse en las lindezas del tejido invisible, si no inexistente, con el que se supone que está vestido, por miedo a ser juzgado o cancelado. Y también podemos poner a disposición nuestra luz, nuestros dones y talentos.

Siento gratitud por esta nueva etapa, que hace posible Marcos al ocuparse de la gestión del blog, tomando el relevo de Ángel, Javi y los que les precedieron. Ahora el proyecto está en nuestras manos, será como nosotros decidamos que sea y tendrá el alcance que le procuremos.

Ana Cristina López Viñuela